Hiperactividad

Hoy en día se utiliza de manera cotidiana este término, sobre todo cuando al comienza la escolarización de los niños. Pero la hiperactividad es algo más que un niño inquieto o movido. Su significado engloba impulsividad e inquietud: el niño no espera en una fila a llegar su turno, el tiempo que dura la clase de una materia no consigue aguantarlo sentado y el juego que realizan no existe un principio ni un fin, es desorganizado.

Este comportamiento debe de durar un periodo superior a seis meses para su diagnóstico médico. El tratamiento se generaliza en terapias conductuales y se suele completar con farmacológico. Pero desde el enfoque de la integración sensorial nos centramos en las conductas inquietas y socialmente negativas, al no poder completar los objetivos marcados en los diferentes contextos: hogar, escolar, familiar, etc. Así como en mejorar la imagen que el niño crea de sí mismo.

Este enfoque pretende explicar los problemas leves a moderados en el aprendizaje y el comportamiento, problemas en la coordinación motora y una pobre modulación sensorial que no puede atribuirse al daño o anomalías del sistema nervioso central, es decir, no hay otra lesión ni diagnóstico médico.

Se centra en ofrecer experiencias que ayuden a procesar los desórdenes sensoriales vestibulares, propioceptivo, táctiles, visuales y auditivos que están causando una desadaptación del niño en sus ambientes naturales.

Con esto, el objetivo es aumentar la autonomía e independencia del niño trabajando en sala actividades que ayuden a procesar la información del medio por el sistema nervioso central, para pasar a crear rutinas y estrategias positivas que aumenten la autoestima y la colaboración del niño en las tareas de su día a día.