Anomalías dentro del desarrollo típico del niño

Aquí nos vamos a centrar en anomalías del procesamiento sensorial del niño. Con esto queremos explicar esos problemas irregulares que presenta el niño al procesar la información procedente del medio que le rodea. Dicha información se recoge a través de los sentidos: vestibular (se refiere al equilibrio, al movimiento contra la gravedad), propioceptivo (la información de como están posicionadas articulaciones y músculos), táctil, visual, auditivo, gusto y olfato.

Cuando las señales procedentes de los sentidos están descompensadas, tanto por grande como por pequeño, se observan en el niño conductas que no encajan en un rango de normalidad, ejemplos son rabietas al cortar el pelo o las uñas, al cambiar estilo o textura de ropa; una hipersensibilidad a los ruidos; dietas muy estrictas de alimentos; falta de sensibilidad al dolor o al peligro a caídas; miedo exagerado a subirse a un bordillo o las escaleras de casa; molestias a la exposición de luz intensa como fluorescentes.

Para todo esto no hay una explicación desde otras ramas profesionales que ayudan a crear respuestas menos estresantes para el niño. Aquí es donde entra en juego el enfoque de la integración sensorial que explica las causas de una pobre modulación sensorial que no puede atribuirse al daño o anomalías del sistema nervioso central, es decir, no hay otra lesión ni diagnóstico médico.

Este enfoque se centra en ofrecer experiencias que ayuden a procesar los desórdenes sensoriales vestibulares, propioceptivo, táctiles, visuales y auditivos que están causando conductas no adaptadas del niño en sus ambientes naturales.

Para ello, se trabaja en sala actividades que ayuden a procesar la información del medio por el sistema nervioso central y crear estrategias conjuntas, con el niño y sus padres, que puedan utilizar ante esos picos de estrés que crean ciertas tareas. Todo es llevado al objetivo final de lograr una máxima autonomía del niño en día a día.